lunes, 4 de octubre de 2010

Tomás.

Ayer Tomás regresó a mi mente.
Nunca lo conocí. Nunca lo conoceré.
Pero cuánto me habría gustado.
¿Qué estaría haciendo ahora?
¿Seríamos amigos?
Su madre habló cosas tan lindas de él.
Me las creí todas.
Parece que era un chico maravilloso.
Todo pasó hace más de 5 años.
Pero no olvido el escenario, me es imposible...
Fue conmovedor, muy conmovedor.
Lloré por un desconocido.
Todavía me apena muchísimo,
aveces me pregunto si realmente estará mejor ahora.
De veras, no sé. No lo conocí.
Se fue antes de decirle hola.
Nunca supe si era feliz.
Ni su color favorito.
Tampoco sé su apellido.
Ni de dónde era su familia.
Ni siquiera sé el nombre de su madre, con quien
entablé el diálogo más conmovedor de mi vida.
Aveces me pregunto cómo sonaba su voz.
Seguro hablaba como todo un hombre... eran 18 años.
¡Dios! Me pregunto tantas cosas.
Ahora mismo: me pregunto si Tomás tendrá una computadora ahora.
También si leerá este post.
¿Habrá internet en el cielo?
Si hay, seguro es más rápido que el de aquí.

[Bueno, Tomás, si lees ésto... espero que seas feliz.
Tu mamá te extraña.
Aquí muchos te extrañan, hasta algunos extraños.
Extraño. ¿No?]

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